PERCEPCIONES EXTRAÑAS

«Un día vi cómo los libros de mi hermana se volvían más grandes y cómo mi padre se hacía tan pequeño como un muñeco. Siento que mi cuerpo crece y crece hasta que parece ocupar la habitación entera». No es Alicia, el personaje de Lewis Carroll, quien habla sino una niña de 8 años que fue atendida en un centro de salud de Orense por una extraña migraña que se caracteriza por causar desórdenes de la percepción visual que incluyen alteraciones en la forma, tamaño y situación espacial de los objetos. Este trastorno se conocen como «SINDROME DE ALICIA» y es probable de Carroll lo padeciera también. Durante seis semanas la pequeña pudo observar además cómo determinados objetos inanimados de su entorno realizaban movimientos espontáneos repetitivos –la pierna de una muñeca se balanceaba, la persiana de su habitación subía y bajaba- al más puro estilo poltergeist, y cómo todos los objetos de su entorno visual se hacían pequeños y lejanos. Este extraño trastorno puede ocurrir a cualquier edad, pero cuando se asocia a migraña es más común en los más jóvenes, con una media de edad en el momento del diagnóstico que oscila entre los 6 y los 14 años. La mayoría de las veces se presenta de forma repentina y quienes lo padecen pueden experimentar visión liliputiense o MICROPSIA y su contrario, MACROPSIA, que se caracterizan por una disminución y un aumento aparente, respectivamente, en el tamaño de los objetos. Si estos cambios son graduales en lugar de bruscos, el paciente experimenta cómo los objetos se acercan o alejan como si los observara a través de un zoom.

imagen de una película

Otro extraño fenómeno, es el siguiente: – Tú cara no me suena, cariño«Sé que es una cara porque puedo ver los ojos, que están en la parte superior del cuerpo. Puedo distinguir el cuerpo bastante bien. A veces puedo reconocer a la gente por su forma de moverse o de andar aunque estén lejos. Resulta gracioso, ¿verdad? No puedo ver claramente la cara de la gente pero puedo reconocerlos por cómo andan. Cuando mi marido y mi hijo fueron al hospital no supe quién era cada uno hasta que hablaron. Ahora me estoy ejercitando para reconocer a mi marido. Puedo ver sus gafas y su calva, pero tengo que seguir practicando. Uno de mis vecinos, que también es calvo y usa gafas, vino a visitarnos con su esposa. Yo le confundí con mi marido y le llamé cariño. Fue un poco embarazoso». Es el testimonio de una mujer que sufrió un ictus. Sufre un extraño trastorno, que se denomina PROSOPAGNOSIA (del griego prosopon, rostro, y agnosia, dificultad para reconocer) y que incapacita para reconocer caras. Fue descrito por primera vez en 1860, pero no recibió este nombre hasta 1947, cuando el psicólogo Joachim Bodamer relató el caso de un combatiente de la Segunda Guerra Mundial de 24 años, que tras recibir un disparo en la cabeza había perdido la habilidad para reconocer a sus familiares y amigos e incluso su propia imagen en el espejo. Se debe a una lesión en un área de la corteza inferotemporal, situada a ambos lados del cerebro y que se extiende aproximadamente desde la nuca hasta las orejas. En esta franja hay una zona concreta, llamada área facial fusiforme, especializada en el reconocimiento de las caras. Y es también la responsable de que tengamos mayor dificultad para reconocer los rostros orientales, por ejemplo, con los que estamos menos familiarizados. Y es que la habilidad para distinguir unas caras de otras aumenta con la experiencia. Aunque la preinstalación o cableado está incorporado “de serie” en nuestro cerebro, como lo demuestra el hecho de que los bebés recién nacidos tengan predilección por las figuras que semejan rostros. Estas peculiaridades que hemos descrito, ponen una vez más en evidencia que la VISION, no empieza ni acaba en los ojos, sino que es un fenómeno mucho más complejo que involucra al NEOCORTEX y otras estructuras del cerebro.

En nuestro centro, cuando realizamos exámenes visuales, evaluamos también lo que pasa más allá de los ojos y como la VISION interviene en el equilibrio, movimiento, percepción espacial y procesamiento de la información.
Madhu Khatnani / Marcelo García

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